AVENTURA POR EL MONCAYO
Acompañado por Fernando, Luis I, Luis II, Iñaki, Frodi y
Fran, nos desplazamos desde la capital maña hasta el Parque Natural del
Moncayo. Aparcamos en las proximidades de Agramonte, desde donde comenzó una
ruta algo exigente pero de muy marcados contrastes paisajísticos.
A las nueve de la mañana, con un cielo despejado, pero algo
fresco, emprendimos la marcha por la carretera en dirección Vozmediano. A un
1Km tomamos el primer camino a la izquierda. Conforme avanzamos nos vamos introduciendo
en el verde corazón de un frondoso
bosque repleto de hayas, salpicadas de vez en cuando por algún que otro acebo.
El frescor del musgo omnipresente se adivina en el cristal
de las aguas rumorosas, que se precipitan enloquecidas por los abruptos
barrancos. Las nubes bajas de la madrugada habían dejado el camino mojado, las
copas de los árboles habían recibido las primeras pinceladas del otoño,
mientras un Sol tibio, asomaba tímidamente por entre las ramas, aliviando un
poco el inicio de la ruta.
Tras varios kilómetros de subida tendida, llegamos al
Barranco de los Prados, desde donde se divisa la pequeña población de la
Aldehuela de Agreda. A partir de aquí, el terreno comienza a empinarse, un
camino pedregoso por el que en ocasiones resulta difícil mantener el
equilibrio.
Frodi parece el
más fuerte del grupo, con buena cadencia nos arrastra hasta el Mirador de los
Cejos, en donde paramos para echar un trago, a la vez que nos reagrupamos. Las vistas son de esas que por momentos te
hacen sentir como un pájaro. A lo lejos se divisan las poblaciones de Ágreda y
Ólvega.
Una vez recuperadas las fuerzas seguimos la ascensión que
nos llevará hasta el Collado del Canto Hincado, a 1483 de altitud. A tanta
altura la vegetación va tomando otra forma.
Después de tantos kilómetros de subida, el rápido
descenso por un camino maltrecho, nos
devolvió hasta la localidad de Cuevas de Agreda. Llenando los bidones en una de las fuentes
del pueblo, tomamos la decisión de ir hasta Beratón por la carretera.
Al salir del pueblo, junto al cementerio, tomamos un camino
empinado don durísimas rampas, pero desde el cual pueden divisarse las
imponentes Peñas de Herrera, o la Muela de Beratón.
Apretando los dientes, llegamos a un refugio que marca el
final del puerto. Seguidamente tocaba disfrutar sin darle a los pedales, 14 Km
de descenso hasta la pista que nos llevaría al Santuario del Moncayo, desde el
cual las vistas son espectaculares. Una Gran ruta en muy buena compañía.
Preciosa ruta por el padre del cierzo.
ResponderEliminarsi xavi, la verdad que es espectacular el moncayo, y como se come por sus pueblos.
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