SIERRA DE ARMANTES
(CALATAYUD)
El
inicio de la puta, quiero decir ruta, comenzó a las 8:45 en el parking del club
de alterne Venus, situado a orillas de la N- IIa, en donde dejamos los coches
aparcados.
A unos
30m del puticlub, dejamos la nacional y tomamos un camino que nos llevó hasta
un sendero ascendente que atraviesa el Barranco de la Bertolina. En sus
primeros tramos predominan los tonos apagados de la estepa; escasa vegetación y
blancas tierras formadas por yesos.
Transcurridos 6Km de senda, comienzan a verse los primeros
verdes de la mañana: punzantes y desnudas aliagas, tomillos aletargados
preparándose para el invierno, romeros todavía floridos, jóvenes pinos
perfumados de resina, y un camino de tierra blanca que nos arrastra rodando
hasta el alto de la dehesa de Armantes, en donde se encuentran las ruinas de
las antiguas casas de aquellos forestales que repoblaron el monte de pinos.
Volvemos a tomar la marcha y tras una buena bajada, por
pista ancha y llana, nos topamos con un panel informativo cuyo texto en negrita
recoge…. “castillos, cintos, barrancos, chimeneas de hadas”, y la verdad que no
resulta exagerado dado que las diferentes y numerosas formaciones geológicas
invitan a nuestra imaginación a poner nombre a cada una de las esculturas.
De nuevo tomamos un sendero melancólico, rodeado de pinos
sedientos que impiden el paso de la luz. Es una senda rápida, con escalón y
tobogán incluido que ponen a prueba la valentía y la pericia del biker. Al
final de la senda un cielo infinito se abre ante nuestros ojos. Hemos llegado
hasta el mirador de los castillos imaginarios, en donde nos juntamos con un
grupo numeroso de aventureros.
Seguidamente tocaba afrontar la que para mí era la parte más
exigente del recorrido, una trialera ascendente con algunos tramos de alta
dificultad técnica que no conduciría hasta el lugar más alto del recorrido, “el
alto de la Cruz de Armantes”, a 972 m de altitud y desde donde se puede
apreciar la gran belleza de los valles de Ribota y Manubles.
Tras las fotos, la charradica y la puesta a punto de nuestra
burras, reanudamos la marcha por otra espectacular senda que discurre por la
cresta de la montaña, disfrutando en todo momento de las impresionantes vistas.
La senda, de unos 2Km, acababa en una pista forestal que enseguida
abandonaríamos para tomar otra que nos llevaría a un lugar caracterizado por su
singularidad paisajística y al que todos llaman Far West.
El viento y el agua, con el cincel del tiempo, han ido modelando
la tierra a su antojo y semejanza hasta convertir este lugar en único e
irrepetible. Cárcavas ondulantes de roja arcilla culminadas por cornisas de
roca te hacen creer por momentos estar en el desierto más profundo de Arizona,
o quizá en el de Nuevo México, pero no, esto es Aragón, uno de esos lugares
fascinantes y sublimes difíciles de olvidar.
La senda que atraviesa este lugar tiene un tramo con una
bajada de vértigo que solo el joven Yazar logró superar, yo bajar bajé pero
rodando, me metí una hostia bien guapa de la que salí con algún que otro
rasguñazo.
Después de finalizar la senda del Far West, hicimos un bucle
que nos devolvió al inicio del barranco de la Bertolina, una bajada por senda
de unos 12 Km ciclable en su totalidad.
Al inicio de esta, paramos en la fuente del Maño Maño a
echar un traguico de agua y desde ahí hasta el puticlub bajamos como un tiro.
Otra vez hay que felicitar a Fernando por la ruta tan bonita
y divertida que tenía guardada en su manga. Acabamos matando el hambre en un restaurante
de cuatro estrellas, pegado al ayuntamiento.












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